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viernes, 21 de octubre de 2011

Els Porxos: una payesía en peligro de extinción / Fotografías de David Andrés


David Andrés nos presenta su trabajo "Els Porxos: una payesía en peligro de extinción":

"Corren tiempos de inmediatez, de superficialidad, de Facebook, de WhatsApp, ..., pero no para todo el mundo. En Els Porxos se vive una vida austera en consonancia con la naturaleza. Allá, donde cada cosa necesita su tiempo.

Poco importa que los animales obliguen a trabajar cada día sin excepción, tampoco importa no vestir las mejores marcas ni tener el mejor modelo de móvil. Resulta más importante que el invierno no sea demasiado frio, que un zorro no ataque a las gallinas, que una vaca no muera en el momento del parto o que el padre de familia afectado de Alzheimer no sepa volver a casa después del paseo diario de las vacas.

El día de la matanza del cerdo, hay que esforzarse más. Por eso nadie duda en echar una mano en el momento de transformar un animal de 120 kg en carne y embutidos para el consumo propio del año siguiente. Después del duro trabajo, la recompensa es infinita: la satisfacción del trabajo bien hecho, una comida familiar donde se reúnen tres generaciones y tiempo para disfrutar del momento.

Por favor, que esta forma de vida no se extinga."


Podéis ver toda la exposición en TERRAdeNINGU.com

martes, 1 de julio de 2008

El horror de Dachau


A no ser que seas de piedra lo primero que sientes cuando entras en un lugar como el memorial del campo de concentración de Dachau es sobrecogimiento. Una sensación de profundo respeto a los que vivieron este horror te empuja a hablar bajito, mantenerte en silencio y reflexionar sobre lo fácil que es nuestra vida actual. Intentas imaginar cómo sería ese sitio tan terrible diseñado para albergar a 6.000 personas y que a finales de la guerra superaba 30.000.

Las historias personales narradas en primera persona en la audio-guía te ponen los pelos de punta y te hacen entender el grado que alcanzaban las torturas y esclavización, llevándote por cada uno de los rincones del campo.

Por momentos es difícil aguantar alguna que otra lágrima. Un nudo en el estómago te acompaña.

La entrada del campo aún mostraba algunos vestigios de las vías de los trenes que transportaban a los judíos, arrancados de sus familias, al campo de concentración.

Las torres vigía, las vallas electrificadas, los alambres de espino no sólo conformaban una pared inexpugnable, era también una tortura psicológica. Muchos decidían acabar con su vida de la forma más rápida e indolora. Lanzarse a la franja de césped que separaba en campo de barracones de la valla electrificada. Con suerte en segundos los vigías de las torres te disparaban y acababan con todo.

La tristeza y la oscuridad te aplacan y te persiguen durante toda la visita. No sé si fue más duro ver el horno crematorio o la cámara de gas. En ese instante no podía sacarme de la cabeza una escena de la película la Lista de Schindler en la que decenas de mujeres desnudas creían estar a punto de morir asfixiadas en unas duchas comunes.

La zona museo te permite ver las fotos y caras de las personas que allí vivieron o murieron, sus nacionalidades, sus profesiones y cómo fueron torturados y explotados.

La prisión era otro de los rincones más sobrecogedores. En ella torturaban física y psicológicamente a quienes no cumplían sus absurdas normas. Sólo el hecho de fumar en un momento inapropiado te podía llevar 3 días a una estrecha celda.

Al salir de allí te haces otras preguntas. No paraba de pensar en el tabú que podría suponerle a la actual población de la ciudad hablar de este tema. Al fin y al cabo allí vivieron personas de los dos bandos, torturadores y torturados. No fue hace tanto, seguro que muchos abuelos de la zona podrían contar sus propias vivencias.

¿Habrá aprendido el mundo algo de esto? Está claro que no. Es increíble cómo volvemos a caer una y otra vez en los mismos errores. Las guerras estúpidas por un trozo de tierra, por hablar uno u otro idioma, o por creencias religiosas.


Podéis ver la exposición completa en TERRAdeNINGU.com